La primera entrada de los Reyes Católicos en Madrid en 1477: pacificación, gobierno y Santa Hermandad
El 1 de marzo de 1477, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón se instalaron en Madrid. La villa que les abrió las puertas no era aún ni la capital del reino ni una corte estable: acababa de atravesar una guerra de sucesión, había estado marcada por la lucha entre banderías y estaba en el umbral de la reconstrucción de la autoridad real. Durante casi dos meses, hasta el 20 de abril, Madrid fue escenario de decisiones, manifestaciones de obediencia y medidas de gobierno que nos permiten ver cómo los nuevos monarcas consolidaban su poder.
Madrid antes de la llegada de los Reyes

Cuando murió Enrique IV de Castilla en diciembre de 1474, la cuestión de la sucesión generó una lucha entre los partidarios de Isabel y quienes defendían los derechos de Juana, la hija del rey fallecido. Madrid participó a fondo en aquella lucha. Los conflictos entre linajes locales se entrelazaron con la disputa dinástica, y el control de la villa y de su Alcázar adquirió un claro valor político y militar.
En 1476 la situación se inclinó decididamente a favor de Isabel y Fernando. El Alcázar y la villa pasaron bajo su autoridad y la Corona intervino para impedir que las fortificaciones madrileñas pudieran ser utilizadas como instrumento de una facción nobiliaria. Una cédula de Isabel mandó desfortalecer puertas y torres a la parte interior de las fortificaciones. Pasados algunos meses, el 20 de enero de 1477, los Reyes hicieron saber al concejo el nombramiento de Juan de Bobadilla —conocido en el Archivo de Villa con la forma gráfica histórica de «Johan de Bovadilla»— corregidor de Madrid y alcaide del Alcázar.
Es decir, la visita de marzo no fue un episodio aislado. Llegó después de una serie de actuaciones de sometimiento militar, reorganización institucional y recuperación de la autoridad real. La entrada solemne transformaba ese nuevo equilibrio de poder en una manifestación clara de la presencia de los monarcas en la villa.
1 de marzo de 1477: una entrada que conocemos sin conocer el ceremonial

El 1 de marzo de 1477 llegaron a Madrid Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. La fecha está documentada, mas no nos han llegado las actas concejiles madrileñas de dicho año que nos permitirían reconstruir con precisión cómo fueron recibidos. Ignoramos el camino que siguieron, las palabras que pudieron intercambiarse o los festejos que se hubiesen podido organizar. Atribuir al ceremonial arcos, discursos o ceremonias concretas sería convertir en hechos las características que el corpus de fuentes accesibles no posibilita demostrar.
Pero sí tenemos certeza del contexto político; Madrid había estado vinculada al bando contrario durante la crisis sucesoria y acababa también de ser pacificada. La llegada de los reyes hacía visible su autoridad en una villa donde era importante afianzar la obediencia a la Corona. La verdadera cuestión histórica en esta recreación de un ceremonial insólito es intentar comprender qué hacía que esa presencia regia tuviera importancia y cuál era el significado para el porvenir de Madrid. Isabel y Fernando permanecieron en la villa hasta el 20 de abril, casi durante dos meses. De este modo, Madrid fue el lugar donde la corte hace estancia y un escenario donde se tomaban decisiones de gobierno y se mantenían negociaciones. La extensión de la visita permite pensar que no se trató de una aparición esporádica que se limitara a una visita fugaz, sino que la monarquía mantuvo una presencia prolongada en la vida política de la villa. Sabemos cuándo empieza aquella estancia, sabemos cuándo finaliza, podemos investigar su significado, aunque los pormenores de la llegada del 1 de marzo sean, en buena parte, desconocidos.
La Casa de los Lasso y el Madrid de la Plaza de la Paja

La tradición historiográfica vinculada a Madrid otorga a las casas de don Pedro de Castilla, adyacentes a la plaza de la Paja y a la iglesia de San Andrés, la condición de residencia de Isabel y Fernando durante su estancia en la ciudad en el año 1477. No obstante, las fuentes que se han conservado no pueden responder claramente a la pregunta de qué dependencias ocuparon los monarcas, ni de qué manera se desplazaron a través de la villa. Así, conviene diferenciar lo que la tradición historiográfica cuenta, de los temas que realmente están fuera de nuestro alcance documental en este sentido.
Era un tiempo en el que la corte castellana era itinerante, pues los reyes viajaban con los integrantes de su casa y de la administración e, igual que los reyes, necesitaban igualmente recintos adecuados donde poder moverse y atender los asuntos de gobierno. Las casas de la nobleza formaban parte de la red de espacios cortesanos, los alcázares o los sitios destinados a acoger la asistencia de los monarcas y de sus gentes.
Las casas de don Pedro de Castilla sufrirían cambios profundos a partir de aquella visita. Su hijo Pedro Lasso de Castilla reformaría y ampliaría el conjunto, hasta convertirse en una de las grandes casas nobiliarias de aquel Madrid. Por eso conviene distinguir las casas unidas tradicionalmente a la estancia de 1477 del palacio que fue tomando forma a partir de entonces.
Aunque aquel edificio desapareció, es posible aproximarse a su ubicación merced a la documentación y la cartografía. El plano de 1656 de Pedro Teixeira permite identificar el ámbito de la plaza de la Paja, la costanilla de San Andrés y la iglesia de San Andrés. No muestra el Madrid que encontraron los Reyes Católicos, casi dos siglos antes, pero permite situar aquel escenario histórico en un entorno profundamente transformado por el paso del tiempo.
30 de marzo: la obediencia de antiguos adversarios
El acto político más documentado de aquella estancia se produjo el 30 de marzo. Ese día, en Madrid, Diego López Pacheco, marqués de Villena, y los hermanos Juan y Alonso Téllez Girón reconocen formalmente a Isabel y Fernando como reyes de Castilla y León.
No era un gesto únicamente protocolario. El marqués de Villena había sido una de las grandes personalidades que sostuvieron la causa de Juana y de la intervención portuguesa. Existían capitulaciones anteriores, pero la ceremonia de obediencia era una forma de añadir un reconocimiento público y formal de la legitimidad de los monarcas.
El acta permite la transmisión de los elementos primordiales del ritual: juramento, fórmula de obediencia y pleito homenaje. No sabemos con certeza el edificio madrileño en el que se desarrolla. La documentación afirma la villa y la fecha. Situarlo de forma concreta en la Casa de los Lasso o en el Alcázar sería dar un paso más allá de lo que demuestra la fuente.
Madrid como espacio para el gobierno

La permanencia de Isabel y Fernando en Madrid, sin embargo, no se limitó al recibimiento del 1 de marzo. Durante las semanas posteriores, la corte también se ocupó de unas cuestiones concretas de la vida municipal. El 15 de abril de 1477, desde Madrid, el Consejo de los Reyes Católicos ordenó devolver a la villa los términos ocupados ilegalmente. Dicho mandato pone de manifiesto que junto a los actos de obediencia y de representación del poder, existían cuestiones territoriales sometidas a decisiones de gobierno.
Técnicamente, los términos municipales no eran una cuestión menor para una villa de la Edad Media; delimitaban un territorio sobre el cual el concejo ejercía sus competencias y se encontraban sujetos a los derechos y aprovechamientos de sus vecinos. Recuperar los espacios ocupados significaba defender esos intereses y reafirmar la autoridad de la villa sobre el territorio que le era propio. La intervención de la Corona permite observar el grado hasta el que la pacificación de Madrid también se imbricaba con determinadas cuestiones prácticas de su gobierno.
Ese mismo 15 de abril, el Consejo fijó otra limitación: los repartimientos municipales no podían superar los tres mil maravedíes sin el consentimiento expreso de los reyes; la resolución condicionaba así determinadas decisiones económicas del concejo que requerían autorización regia en el caso de que las sumas de dinero en cuestión trascendieran aquel límite. Mientras que la primera disposición comprometía el territorio, la segunda incide en la gestión de recursos y competencias económicas municipales.
Las dos disposiciones ponen de manifiesto una dimensión menos visible, pero clave, de aquel momento. La llegada de los Reyes Católicos no fue únicamente un acto ceremonial ni una simple exhibición pública de autoridad. También significaba el ejercicio efectivo de gobierno en los asuntos que afectaban directamente a Madrid. La Corona, de esta forma, reafirmaba su posición mediante disposiciones escritas, mientras la villa iba ocupando un nuevo equilibrio político tras los combates de la crisis sucesoria.
¿Y la Santa Hermandad? Un matiz relevante
La Santa Hermandad constituyó una de las piezas clave de la política de los Reyes Católicos en este periodo. Su ordenamiento fundamental procedía de las Cortes de Madrigal de 1476, creciendo, simultáneamente, a través de juntas generales que concretaban sus funciones policiales, judiciales, militares, fiscales y administrativas.
Aquí conviene separar dos momentos que a veces se confunden. En 1477, las juntas generales de la Hermandad se celebraron en Dueñas y Burgos. La villa de Madrid efectivamente aparece ese año unida a la confirmación y expedición de ordenanzas, pero a la gran renovación y prórroga de la institución no la podemos situar en la estancia madrileña de marzo-abril de 1477. La prórroga de la Hermandad, por tres años, fue acordada por las juntas de Pinto y Madrid de 1478. En consecuencia, la Santa Hermandad forma parte del marco político de la visita de 1477 y del programa de pacificación que seguía la monarquía, pero no está bien sostenido que durante aquella primera entrada en Madrid se aprobara allí la prórroga trienal.
Una Madrid que empezaba a cambiar de relación con la Corona
La visita de 1477 no convirtió a Madrid en la ciudad capital ni dio lugar a una residencia permanente de los monarcas. La importancia de esta primera visita fue otra: mostró que Madrid formaba parte del proceso por el que Isabel y Fernando transformaban el equilibrio político castellano tras la crisis sucesoria. Durante aquellas semanas coincidieron en la villa la representación del poder, la reconciliación —o subordinación— de antiguos adversarios, el ejercicio del gobierno y la ocupación temporal de una residencia nobiliaria. Madrid aún estaba lejos del aparato cortesano del siglo XVI, pero ya era un escenario político de primer orden. Casi un siglo atrás había tenido Madrid una relación especial con la monarquía, cuando Juan I otorgó a León V de Armenia el señorío vitalicio de la villa.
El escenario actual: plaza de la Paja y San Andrés

Quien hoy recorra la plaza de la Paja no se encontrará con la Casa de los Lasso sino con el territorio urbano donde existía. La topografía histórica del conjunto (la plaza, la costanilla y su entorno de San Andrés) permite asomarse a uno de los episodios menos conocidos de la relación entre Madrid y los Reyes Católicos. La ciudad que Isabel y Fernando encontraron a su llegada en 1477 era mucho más pequeña, más irregular y muy diferente de la actual, pero aún queda en este rincón del Madrid de los Austrias la geografía, bajo las transformaciones posteriores, de aquella villa medieval.
Cronología esencial
| Fecha | Hecho |
|---|---|
| 1474 | Muere Enrique IV. Se abre la crisis sucesoria castellana. |
| 1476 | Madrid termina sometiéndose a la autoridad de Isabel y Fernando; la Corona ordena desfortalecer parte de las defensas vinculadas al conflicto. |
| 20 enero 1477 | Los Reyes Católicos comunican al concejo el nombramiento de Juan de Bobadilla como corregidor y alcaide del Alcázar. |
| 1 marzo 1477 | Entrada real de Isabel y Fernando en Madrid. |
| 30 marzo 1477 | Diego López Pacheco y los hermanos Juan y Alonso Téllez Girón prestan obediencia formal a los reyes en Madrid. |
| 15 abril 1477 | El Consejo dicta en Madrid provisiones sobre términos municipales y límites a los repartimientos. |
| 20 abril 1477 | Final de la estancia madrileña de los monarcas. |
| 1478 | Las juntas de Pinto-Madrid abordan la renovación de la Santa Hermandad y su prórroga por tres años. |





