León V de Armenia: el rey sin reino que se convirtió en señor de Madrid
De preso en El Cairo a huésped de Juan I

En el año 1383 se dio en la villa de Madrid un hecho que contado así, de prisa, parece casi imposible: que la villa llegara a tener por señor a un rey de Armenia. No porque Madrid fuera a ser un territorio armenio, sino porque Juan I de Castilla decidió sostener a un rey destronado que había llegado allí a occidente tras muchos años de cautiverio.
León pertenecía a la casa de Lusignan y había llegado a ser rey del reino armenio de Cilicia en 1374. Duró muy poco tiempo su reinado efectivo. En 1375, tras la ofensiva mameluca y la conquista de Sis, fue apresado y conducido a El Cairo. El reino armenio de Cilicia desaparecía como Estado independiente y su rey quedaba convertido en un rey sin reino.
La libertad de León fue resultado de una larga mediación. Los embajadores de León intentaron buscar ayuda en diversos poderes cristianos. Pedro IV de Aragón participó en esas gestiones y aportó medios para la embajada, pero la intervención de Juan I de Castilla fue determinante: envió mensajeros, cartas y regalos al poderoso sultán mameluco. León obtuvo su libertad a finales de septiembre de 1382 y se embarcó en un viaje largo, que lo llevó a recorrer el Mediterráneo y Europa.
Luego de pasar por Venecia, por Aviñón o por Barcelona, León se encamina hacia la corte castellana, donde Juan I lo acogió en Badajoz, en mayo de 1383, en vísperas de su matrimonio con Beatriz de Portugal, celebrado el 17 de mayo. El año y el lugar de este encuentro tenían un fuerte componente político y también personal. León llegaba ante uno de los monarcas que más había contribuido a hacerlo salir de cautiverio y seguía buscando apoyos para recuperar su reino.
Madrid como ayuda para un rey sin reino

León no había renunciado a Armenia. Su intención continuaba siendo la de acumular apoyos suficientes para llevar adelante una empresa que le permitiera recuperar el reino perdido. Juan I no convirtió la empresa en una expedición militar castellana, pero sí deseó asegurar a León una posición económica y política propia de quien era rey.
Le otorgó, en carácter vitalicio, los señoríos de Madrid, Villa Real —hoy Ciudad Real— y Andújar. La investigación especializada recoge, además, una asignación anual de 150.000 maravedís para el mantenimiento de su casa y su actividad diplomática. Esas villas no estaban destinadas a convertirse en patrimonio heredable de los Lusignan ni a formar parte de un reino armenio: eran una concesión personal en tanto León viviera.
El 2 de octubre de 1383, el Concejo de Madrid ya había recibido la carta de Juan I sobre la concesión del señorío de la villa a León V de Armenia. En ese momento Madrid se vio en la necesidad de reconocer a un nuevo señor, aunque eso no implicaba su integración en Armenia, pues seguía formando parte del marco político de la Corona de Castilla. La documentación conservada en el Archivo de Villa permite conocer la respuesta de los representantes de Madrid ante aquel cambio que comprometía directamente su relación con la autoridad real.
El mismo día, el Concejo mandó conferir poderes a sus procuradores para salir hacia Segovia y prestar pleito-homenaje a León. Así, la reacción municipal no sería una negativa abierta a la voluntad del rey. Madrid se estaba preparando para cumplir, pero también intentaba defender sus fueros y privilegios y asegurarse de que aquella separación del patrimonio real no resultara definitiva. Una preocupación que pronto iría apareciendo en una serie de acuerdos y de documentos escritos, que son reveladores para entender de qué manera la villa defendió sus derechos.
Madrid reclama garantías

Aparece entonces una de las partes más interesantes del propio episodio. La documentación del Archivo de Villa permite ir siguiendo casi día a día cómo Madrid negoció las condiciones de aquella nueva situación de señorío. La villa aceptaba el señorío de León, pero quería garantías por escrito de que la separación del patrimonio real no sería definitiva.
El 10 de octubre de 1383, Juan I prometía que Madrid volvería al patrimonio real con la finalización del señorío de León y aseguraba que no sería nuevamente enajenada de la Corona. Dos días más tarde, el 12 de octubre, ese compromiso lo reforzaba mediante la entrega de un privilegio rodado. La concesión a León quedaba así acompañada de una garantía excepcionalmente clara para el futuro de la villa.
Transcurrió una semana y se llegó al acto formal. El 19 de octubre del año 1383, en Segovia, los representantes de Madrid realizaron pleito-homenaje a León V y le reconocieron como señor. El mismo día, León condescendió a las peticiones madrileñas confirmando sus fueros, cartas, privilegios, franquezas, libertades, buenos usos, costumbres y ordenamientos.

La confirmación no fue un mero formalismo. León accedió a respetar el régimen de la villa y no le imponía nuevos pechos fuera de los ordinarios que le habían sido concedidos; mantuvo a los alcaldes y a los alguacil según los usos existentes y reconoció los derechos de los escribanos públicos. Igualmente, la documentación transmitida del privilegio recoge además que sus compañías no se alojarían en las casas de los caballeros, escuderos, doncellas y mujeres de Madrid. El lenguaje de los documentos determina también en qué medida se ha dejado deformar el contenido. León era verdaderamente rey de Armenia, pero al mismo tiempo, en Castilla era señor de Madrid, Villa Real y Andújar. No recibió un supuesto título de «rey de Madrid». Durante unos años en la misma persona coexistieron dos dignidades distintas: una real procedente de un reino perdido en Oriente y una dignidad de señorío recibido dentro de la Corona de Castilla.
¿Entonces, Madrid perteneció a Armenia?
No, y esta distinción es fundamental para comprender el episodio que no ha resultado en leyenda. Madrid no fue anexionada al reino armenio, no se creó un reino a partir de ella, tampoco fue «capital de Armenia» (en la acepción institucional de la capital). León mantenía su dignidad de rey armenio, pero curiosamente su autoridad sobre la ciudad procedía exclusivamente de una concesión de Juan I de Castilla, en un contexto castellano.
Ni tampoco fue un caso singular el de la villa de Madrid. Villa Real y Andújar formaron parte de la misma operación. Pero la sorpresa es que un monarca destronado recibiera, en forma de base económica, varias villas castellanas, mientras seguía intentando la reconstrucción de su concepción política internacional.
Por eso la historia real es mucho más interesante que el título fácil. Madrid no fue Armenia, fue durante un tiempo una villa de señorío cuyo señor, a la vez, era el último monarca de la Armenia cilicia. Y eso, obligó al propio Concejo madrileño a defender y justificar por escrito qué derechos quería conservar.
Un caballero que no dejaba de mirar hacia Armenia

La entrega de Madrid, Villa Real y Andújar le daba a León V de Armenia no sólo una retaguardia económica, sino también una posición reconocida en la Corona de Castilla. Ahora la ayuda que le proporcionaron los castellanos no significaba alterar su principal ambición: recuperar el reino armenio de Cilicia, que había perdido por la llegada de los mamelucos. Aquellos señoríos castellanos le permitían encontrar la manera de mantener su posición y seguir buscando apoyos, pero en ningún momento sirvieron de alternativa terrestre al reino del que había sido rey.
Su trayectoria posterior mantuvo el signo de los contactos diplomáticos y los desplazamientos. León V de Armenia procuró mantener contactos con las diferentes cortes europeas para buscar apoyo para su causa. No fue un rey radicado en Madrid con corte armenia desplazada al Manzanares. Y aunque se admite que es probable que visitara alguno de sus señoríos castellanos, no tenemos suficiente documentación para enmarcar en la debida precisión todas aquéllas estancias. En cuanto a Madrid, la situación era muy concreta. La villa había reconocido a León como su señor, pero había conseguido que Juan I le garantizase por escrito que su separación del patrimonio real era temporal. Los compromisos de octubre de 1383 garantizaban su retorno a la Corona y eran una garantía fundamental para el Concejo.
Madrid, mientras León seguía mirando hacia Armenia y buscando apoyos para recuperar su reino, se preocupaba con otra cosa: conservar sus fueros y privilegios y su relación con la monarquía castellana. Esta cuestión volvería a tener mucho sentido con la muerte de Juan I, que abría una nueva etapa política.
1391: Madrid no rinde ya homenaje a León

Juan I murió en 1390 y fue sucedido por Enrique III. El cambio de monarca determinaba un nuevo tiempo para Madrid y para las otras villas castellanas otorgadas a León V de Armenia. La concesión de 1383 seguía teniendo efectos, pero había que ver qué manera había de recuperar políticamente la vinculación directa con la Corona sin dejar de lado los compromisos económicos adquiridos durante aquel reinado anterior.
En las Cortes de Madrid de 1391 regresaba aquella misma situación. El 13 de abril, Enrique III revocó el pleito-homenaje que Madrid había prestado a León durante el reinado de su padre. Dicha medida afectaba a una política y a una relación personal muy concretas: la villa de Madrid quedaba sin estar sometida a la obediencia formal que había reconocido por añadidura en octubre de 1383. Así, Madrid recuperaba su dependencia directa de la Corona.
Pero la revocación del homenaje no hizo que desaparecieron inmediatamente los efectos de la concesión. León todavía tenía derechos económicos derivados del pacto original. Las rentas convenidas con el rey armenio siguieron produciendo efecto hasta su fallecimiento, de tal forma que la recuperación política de la villa y la extinción de aquellas rentas no coincidieron en el tiempo.
Tal distinción era de suma importancia para entender el episodio. Una cosa era reconocer a León como señor y hacerle homenaje; otra cosa era mantener las rentas suscritas con el mismo. Enrique III podía dar por finalizada la situación de subordinación política de Madrid sin que eso supusiese la extinción automática de los derechos patrimoniales otorgados por Juan I.
Hecho el 25 de abril de 1391, Enrique III también confirmaba fueros y privilegios que fortalecían la posición jurídica de la villa, dándole continuidad al proceso de salvaguarda de sus derechos que se abrió con la negociación sobre las garantías del octubre de 1383.
Así las cosas, la resolución del episodio se dilató. La ciudad de Madrid dejó de rendir homenaje a León y recuperó el vínculo político directo con la monarquía castellana, mientras las obligaciones económicas siguieron su propio curso. Esa diferencia entre autoridad política y derechos vitalicios es lo que explica que la historia del señorío no acabara en clave de sólo una decisión y también por qué los documentos de 1391 son la clave para entender su auténtico sentido.
La muerte del último rey del Armenia cilicia
León V murió en París el 29 de noviembre de 1393, en el palacio de Tournelles, sin haber podido recuperar el reino armenio de Cilicia. Fue enterrado inicialmente en el monasterio de los Celestinos de París, si bien su monumento funerario sería finalmente trasladado a Saint-Denis.
Su muerte clausuró el carácter vitalicio de las concesiones castellanas. En 1391, Madrid había conseguido recuperar ya la dependencia política directa respecto a la Corona, y el fallecimiento del rey armenio trajo consigo la extinción de los derechos económicos que aún seguían vinculados a la persona del monarca.
De este modo se cerró una relación de casi diez años, que había dejado un patrimonio documental excepcional. Un rey destronado había llegado a Castilla pidiendo ayuda; Juan I le facilitó recursos y señoríos; Madrid había reconocido al nuevo señor, pero obtuvo garantías con vistas a proteger los privilegios y el regreso a la dependencia de la Corona.
Cuando la documentación es más que la leyenda
La historia de León V se suele resumir en una frase espectacular, la de que Madrid fue durante unos años capital de Armenia. Los documentos que han sobrevivido no cuentan lo mismo y, precisamente por eso, mucho más significativo. Madrid tuvo por señor a un rey de Armenia y nunca dejó de pertenecer a la órbita política castellana. El Concejo acudió a ante la concesión; envió procuradores, consiguió compromisos de Juan I, prestó homenaje a León bajo condiciones y vio confirmados sus fueros y privilegios.
Una secuencia de octubre de 1383 —2, 10, 12 y 19 de octubre— permite observar a una villa medieval negociando con la monarquía, dejando constancia escrita de sus derechos; y la documentación de 1391 permite comprobar que el regreso político a la Corona tuvo lugar antes de que acabase la vigencia de las rentas vitalicias de León.
La única singularidad de aquel episodio está, no en imaginar una improbable Armenia junto al Manzanares, sino en reparar en el hecho de que Madrid tuvo por señor a un rey sin reino y que, frente a un arbitrio de Juan I, la villa intentó dejar constancia documental de que aquella situación sería pasajera: seis siglos después, esa defensa escrita de sus privilegios nos permite recuperar el hilo de la historia con bastante más certeza que cualquier leyenda.
Casi un siglo después, Madrid volvió a ser escena de un episodio importante de la relación entre la villa y la Corona, la llegada de los Reyes Católicos en 1477.





