El Palacio de los Vargas: de casa de recreo a Real Sitio de Felipe II en la Casa de Campo
En la actualidad, el Palacio de los Vargas puede ser considerado como un edificio discreto frente a la vastedad de la Casa de Campo. No obstante, la historia del parque comienza en este mismo lugar. La casa de recreo de los Vargas ya existía junto al Manzanares antes que el Lago, que los grandes paseos o que los pabellones del siglo XX. De aquella casa procede el propio nombre de Casa de Campo: la casa de campo de los Vargas que, posteriormente, pasó a formar parte del patrimonio de Felipe II, fue la que acabó dando nombre al Real Sitio y, con el tiempo, al parque que hoy conocemos. Felipe II no trabajó desde cero, sino que transformó aquella propiedad en el centro de un continuo paisajístico y residencial mucho más grande que el propio.
Y esa transformación fue la primera. Por sus estancias pasaron reyes, visitantes extranjeros y obras de arte, sus jardines conformaban grutas, estanques o juegos de agua y el edificio, de acuerdo con las distintas épocas, también fue cambiando. Entender el Palacio de los Vargas significa, por lo tanto, entender las distintas vidas de la casa que dio lugar a dar nombre a toda la finca.
Antes de Felipe II: los Vargas y el retiro de Carlos V

Para buscar el origen nos toca reparar en los Vargas: el licenciado Francisco de Vargas, consejero de Carlos V, se ocupó de hacer levantar una casa de recreo en sus tierras de la margen derecha del río. El actual Manzanares fue conocido durante siglos también como Guadarrama o río de Madrid; el nombre Manzanares se consolidó más tarde. Esta casa de recreo no debe confundirse con el desaparecido Palacio de los Vargas de la Plaza de la Paja.
Las fuentes municipales suelen situar el origen de la casa en 1519, dentro de una fase constructiva que la historiografía sitúa aproximadamente entre 1515 y 1520. Fernando Marías ha atribuido su construcción a Maestre Antonio, entonces maestro mayor de las obras del Alcázar de Madrid. Es una propuesta historiográfica: no existe prueba documental alguna que la mantenga como demostrada.
La finca ya tenía su momento antes de ser considerada bien real. Tras la muerte de Isabel de Portugal, en 1539, Carlos V llegó a la casa el 28 de junio y permaneció hasta el 13 de julio sin dejar de despachar los asuntos del gobierno.
1560-1562: de finca privada a Real Sitio

Felipe II llevaba varios años interesado en la finca e incluso desde los Países Bajos había reclamado noticias sobre su compra ya en 1557. La documentación conservada permite concretar la compra efectiva del paraje en 1560 o durante los inicios de 1561; una Real Cédula de 17 de enero de 1562 da fe de la adquisición de la Casa de Campo a los herederos de Fadrique de Vargas y de su entrada en el patrimonio de la corona. A partir de entonces, la Casa de Campo, que hasta ese momento había sido una casa de campo nobiliaria, comenzó a transformarse en Real Sitio.
Juan Bautista de Toledo tomó parte en la casa y su entorno después de la compra. La reconstrucción municipal dice que la casa se organizaba de acuerdo a una villa suburbana abierta al paisaje, de dos pabellones laterales y un cuerpo rectangular entre ambos, con galerías alrededor. El diseño sabía mezclarse con referencias renacentistas italianas y formas de construcción propias de la península. En el sector occidental de la casa se ha identificado una alcoba que posiblemente ocupó Felipe II.
Un jardín sorprendente: grutas, burlas y pizarra

Pero la transformación…, no se refería solamente a los muros. En el contexto del Reservado se establecieron senderos, fuentes y parterres que eran mantenidos mediante una compleja infraestructura de tipo hidráulico. La documentación histórica ha recogido cinco estanques que tienen entre otras características las de ser utilizados para proporcionar la cría de peces. En 1589 Felipe II nombra capellán y jardinero de la Casa de Campo a Gregorio de los Ríos, autor de Agricultura de jardines.
Aquí es conveniente matizar algo. La declaración como BIC de 2010 atribuye a Gregorio de los Ríos la creación de un jardín de plantas aromáticas y medicinales para la Farmacia Real al lado del palacete. La documentación recuperada por la bibliografía especializada da un reflejo de la capellanía y jardinería del jardín, pero no lo define de la misma forma con el encargo farmacéutico. De la misma forma, la bibliografía especializada ha relacionado el jardín de simples destinado a médicos y boticarios en la Huerta de la Priora. Por consiguiente, esa función medicinal concreta se mantiene como una atribución de la declaración BIC, no como un extremo documentalmente cerrado, por tanto.
El jardín también buscaba dar la nota. Al lado de la casa se alzó la Galería de las Grutas, construida en tiempos de Felipe II y que se atribuye ordinariamente a Juan Bautista de Toledo. No sólo se propone la Galería de las Grutas, sino que una de sus estancias era la Sala o Galería de las Burlas, relacionado con juegos de agua y artificios de Corte.
El conjunto se hizo de ladrillo y granito y tuvo una cubierta de pizarra, un material característico de varias obras del reinado de Felipe II.
El siglo XVII: el amor por la pintura, una estatua florentina

Las dimensiones del palacete continuaron siendo discretas para un Real Sitio; lo que guardaba en el interior, no tanto. El Museo del Prado documenta allí El carro de heno de El Bosco; Antonio Ponz también habla de una versión de El jardín de las delicias, aunque no aparece en el inventario de 1789. La testamentaría de Carlos II contaba con unas 140 pinturas, incluso algunos bocetos de Rubens.
Y el jardín tuvo otro elemento destinado a tener un largo recorrido más allá de la Casa de Campo: la estatua ecuestre de Felipe III. Fernando I de Médici la encomendó a Giambologna en 1606. El escultor creó el caballo, pero murió en 1608 sin terminado el todo; Pietro Tacca concluyó la escultura. Tras la muerte de Fernando I en 1609 su hijo y sucesor, Cosme II de Médici, continuó la obra y envió la escultura a la corte española en 1616 como regalo para Felipe III por mediación del duque de Lerma. Después de haber quedado de forma provisional depositada en los jardines del Alcázar, en 1617 fue llevada al Jardín Reservado de la Casa de Campo, delante de la fuente del águila.
Sabatini cambió la forma del palacio
Más de un siglo después, ya no se trataba de hacer un jardín más grande, sino de conservar una casa envejecida. Cuando Francisco Sabatini examinó el edificio, en 1773, se encontró con problemas de humedades y galerías en muy mal estado. Las obras se hicieron entre 1774 y 1775, con liquidación en 1776, en el marco del programa de Carlos III de reorganizar la Casa de Campo y estrechar su relación paisajística con el nuevo Palacio Real. Sabatini mantuvo la planta fundamental, pero cambió bastante la imagen exterior: redujo gran parte de las galerías abiertas, rectificó fachadas, vanos y cubiertas, y elevó el pavimento para combatir la humedad. En el interior reaprovechó materiales y ocultó bajo falsos techos varias armaduras de tradición mudéjar, algunas de las cuales sobrevivieron hasta el siglo XX.
José Bonaparte y un túnel para acceder a la Casa de Campo
El siglo XIX dio otro uso al lugar. José Bonaparte utilizó la Casa de Campo como residencia gracias a su situación apartada y más fácil de proteger. En 1810 le encargó a Juan de Villanueva un paso reservado que reforzase la comunicación con el Palacio Real, el túnel se realizó en el año 1811 bajo el paseo de la Virgen del Puerto.
La estatua de Felipe III que va de la Casa de Campo a la Plaza Mayor

La estatua que iba a presidir el Jardín reservado tuvo que emprender otro viaje, en 1848 dejaba la Casa de Campo y era trasladada a la Plaza Mayor, donde también recibió otro pedestal.
Tras la revolución de 1868 la estatua fue retirada y regresó a la plaza en 1875.
El 14 de abril de 1931 sufrió un atentado con explosivos en la boca del caballo. Las fuentes institucionales que se han consultado describen el atentado pero no le atribuyen la autoría ni documentan la orden del Gobierno para llevarlo a cabo.
El atentado reveló además una historia inesperada, dentro del propio bronce. La escultura, al abrirla, dejó ver muchos restos de pequeños pájaros, sobre todo gorriones, que entraron en la boca abierta del caballo y se quedaron atrapados en su interior. La anécdota fue reproducida por diferentes crónicas y por una publicación municipal como la famosa historia del «cementerio de pájaros». En el expediente patrimonial oficial está documentado con detalle el atentado y la restauración, pero no se refiere a este hallazgo.
Para la restauración el Ayuntamiento eligió a Juan Cristóbal González Quesada, y cerró la intervención en 1934, cerrando también la boca del caballo.
La estatua fue protegida en la Plaza Mayor, durante la Guerra Civil.
La Fuente del Águila: una obra que también dejó el jardín.

La estatua no fue la única pieza del jardín que terminó fuera de la Casa de Campo. En su frente estaba la Fuente del Águila, datada aproximadamente en 1562, que se atribuye a Giovanni Angelo Montorsoli y su taller.
La fuente perdió el águila bicéfala que la coronaba y la desmontaron hacia finales del siglo XIX, siendo sus piezas distribuidas entre el Palacio Real y San Lorenzo de El Escorial.
En 1998 se recuperaron piezas originales dispersas para restaurar y montar de nuevo la fuente coincidiendo con las conmemoraciones de Felipe II; después de hacer esto, la volvieron a desmontar. En 2000 se utilizó en San Lorenzo de El Escorial una copia suya.
Desde 2023 la fuente histórica está integrada en la exposición permanente de la Galería de las Colecciones Reales.
1931: la Casa de Campo se hizo propiedad pública de Madrid

En 1931, la Casa de Campo experimentó una de las modificaciones más importantes de su historia. Después de una larga tradición vinculada a la figura de la monarquía, aquella enorme finca que limitaba con el Manzanares se inauguraba ya como un espacio público de la ciudad de Madrid. Mediante un decreto de 20 de abril se establecía la entrega para el uso del público y su utilización como lugar de recreo e instrucción de la población del municipio madrileño. El acto formal de entrega se celebró el 6 de mayo, siendo Indalecio Prieto quien firmaba en representación del Estado y Pedro Rico, por parte del Ayuntamiento, quien hacía lo propio por el Ayuntamiento madrileño.
No se trataba tan sólo de un procedimiento administrativo. La Casa de Campo había sido residencia y lugar de entretenimiento de los monarcas, lugar de prácticas arquitectónicas y de jardines históricos. La incorporación al ámbito de la administración municipal suponía una transformación radical de la relación entre la Casa de Campo y la ciudad misma. Una zona que, durante siglos había estado asociada al patrimonio de la Corona, pasaba a tener una nueva función pública.
Aquel momento también quedó registrado en documentos audiovisuales. Fox Movietone filmó imágenes de los días de la proclamación de la República que fueron posteriormente recuperadas por la Filmoteca Española, donde se documentan hechos sucedidos en una época de cambios políticos, institucionales y en el que el destino de viejos lugares de la Corona (palacios y jardines) también estaba siendo revisado.
La nueva situación no había acabado con la importancia histórica y artística de la totalidad del conjunto. Por Decreto-ley de 3 de junio de 1931, todos los palacios y jardines que fueron del Patrimonio de la Corona, la Casa de Campo, el Campo del Moro,...pasaban a estar protegidos como Monumentos Histórico-Artísticos pertenecientes al Tesoro Artístico Nacional. La transformación de uso de aquellos lugares cohabita con la consideración de la valoración patrimonial.
Decenas de años después se reforzarían esas protecciones. La Casa de Campo fue declarada Bien de Interés Cultural, categoría Sitio Histórico, por la Comunidad de Madrid en 2010. Su valor no sólo deriva de la superficie extensa del parque, sino también de las construcciones y los jardines y elementos históricos que permiten reconstruir sus continuas etapas, entre ellos el Palacio de los Vargas, transformador de la antigua finca regia para ser tenida en cuenta como parte del patrimonio público de Madrid.
La Fuente de la Buena Suerte: de la Puerta del Sol a la Casa de Campo
La entrada del palacio fue incorporando más piezas con historias propias. Delante del palacete se encuentra la conocida Fuente de la Buena Suerte, que está relacionada con la llegada del agua del Lozoya a Madrid. La fuente que fue inaugurada en la Puerta del Sol el día 24 del mes de junio del año 1860 no es, ni mucho menos, aquella que se había puesto en pie en la calle Ancha de San Bernardo en el año 1858: reutilizó su gran surtidor central.
Aquí hay que aclarar una confusión muy habitual. La fuente de Sol fue comenzada a desmontar en el mes de enero del año de 1895 y fue reconstruida en 1913 encontrándose en la glorieta de Cuatro Caminos.
El tráfico volvió a obligar a retirarla y posteriormente fue trasladada frente a la Casa de los Vargas, donde forma hoy día, parte de una de las entradas más reconocibles de la Casa de Campo.
El palacio en tiempos de la Guerra Civil
La Guerra Civil introduce uno de los puntos más delicados de la historia del edificio. La Casa de Campo constituye uno de los ejes de la gran batalla de Madrid, pero las fuentes oficiales discrepan sobre los daños concretos sufridos por la Casa de los Vargas.
La Enciclopedia del Museo Nacional del Prado dice que el palacio sufrió mucho por los combates, mientras que otro trabajo de investigación municipal del Ayuntamiento de Madrid (2025) manifiesta la adhesión a la tesis explícita de que la guerra no provocó las grandes destrucciones que durante años se atribuyeron al dicho palacio. La revisitación se apoya, entre otros signos, en fotografías anteriores a las reformas de los años sesenta. En éstas aún se pueden observar estructuras históricas de madera bien conservadas. Según esa investigación, las alteraciones patrimoniales más graves llegaron en 1967-1968.
Del siglo XX al BIC de 2010
Después de la Guerra Civil, la propiedad siguió una secuencia compleja: en el año 1948 aquellos terrenos volvieron al Estado con usufructo perpetuo para el propio Ayuntamiento, en 1963 se cedió el pleno dominio, y la titularidad no se registró hasta 1970.
Esta nueva forma de interpretación hace que los cambios en cuestión tengan una importancia capital en tanto que las reformas llevadas a cabo entre 1967 y 1968. La intervención que dirigió el arquitecto municipal Manuel Herrero Palacios consistió en el desmontado de las cubiertas y alteraciones en los pabellones más extremos para su readaptación a oficinas mediante la utilización de nuevas estructuras metálicas. Fotografías del proceso muestran armaduras de madera de tradición mudéjar todavía bien conservadas antes de su desaparición parcial.
La Casa de Campo fue declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Sitio Histórico a través del Decreto 39/2010, de 15 de julio. Formaban parte del conjunto protegido la Casa-Palacio de los Vargas y el Jardín de Felipe II.
El 3 de septiembre de 2026 se inició la tramitación para modificar la declaración BIC de la Casa de Campo; la resolución fue publicada el día 16, y una corrección de errores del 18 dejaba explicitada que dicha fecha era la correcta; el procedimiento supone poner al día, entre otros extremos, delimitaciones, usos, protección arqueológica y criterios de conservación.
Un edificio que aún está desvelando su historia
Además, la historia tampoco se da por cerrada. Las obras recientes están sacando a la luz espacios del edificio que habían quedado ocultos. Las excavaciones han documentado el pavimento de época de Felipe II, las losas de barro, zócalos de azulejería, viguetas originales, elementos pétreos... Los estudios han realizado también la evolución volumétrica de la casa y el patrimonios de pinturas, mientras que el actual proyecto trata de forma conjunta el edificio, los jardines y los sistemas del agua.
Cada hallazgo permite leer una capa distinta: la casa de los Vargas; la etapa de Felipe II; la reforma de Sabatini; las transformaciones posteriores.
El Ayuntamiento también ha anunciado la apertura del conjunto al público en 2027 bajo la denominación de Real Casa de Campo, para un uso cultural y museístico. El proyecto celebra que el edificio cuente su propia historia y la historia de la Casa de Campo; también se prevé recuperar el jardín renacentista y Galería de las Burlas.
Más de cinco siglos después de su origen, el edificio sigue recopilando las huellas de residencia privada, villa regia, espacio de la corte, patrimonio municipal, yacimiento y un futuro centro cultural. Y así se acaba el círculo: el edificio que ahora puede parecer discreto no es una pieza secundaria de la Casa de Campo. Es la casa que estuvo en el origen, la que dio nombre a la finca y la que todavía puede ser leída capa a capa, cómo nació y cómo fue cambiando uno de los grandes paisajes históricos de Madrid.





