La muralla islámica de Madrid: los restos del Mayrit andalusí
Junto a la Almudena quedan unos 120 metros de la antigua muralla islámica de Madrid. Pero no son los únicos restos. Hay lienzos integrados en la Galería de las Colecciones Reales y vestigios menos visibles en Bailén y la Cuesta de Ramón. Además, bajo un aparcamiento de la plaza de Oriente sobrevive la Torre de los Huesos, una atalaya de época posterior. Seguir estas piedras permite descubrir cómo Mayrit quedó escondido bajo la ciudad que vino después.
La arqueología permite identificar dónde quedan defensas auténticas, qué estructuras se perdieron y cuáles pertenecen solo a una reconstrucción probable.
¿Por qué se levantó una fortaleza en el Madrid del siglo IX?
A mediados del siglo IX, el territorio que hoy ocupa Madrid formaba parte de al-Ándalus. El emir de Córdoba Muḥammad I, que gobernó entre 852 y 886, impulsó fortificaciones en la Marca Media, la zona fronteriza expuesta a incursiones desde los reinos cristianos del norte. La tradición historiográfica árabe relaciona con él la fundación o fortificación de Maŷrīṭ, habitualmente escrito Mayrit. No conservamos una inscripción fundacional que permita establecer el día o el año exacto en que se levantaron los muros.
El emplazamiento ofrecía ventajas defensivas. Desde la elevación donde se situaría el Alcázar se dominaba la vega del Manzanares y los caminos que comunicaban la Meseta. La fortaleza permitía vigilar el territorio y organizar su defensa. Con el tiempo, alrededor del núcleo fortificado fue desarrollándose una población: Madrid no surgió como una gran ciudad, sino como un enclave de frontera que terminó creciendo más allá de sus primeras defensas.
La presencia de habitantes musulmanes tiene una prueba especialmente elocuente: una estela funeraria hallada en el centro histórico con el epitafio de un hombre fallecido el 2 de febrero de 921 (año 308 de la hégira). Estudiada por María Antonia Martínez Núñez, es la primera inscripción árabe de época andalusí identificada en Madrid. No describe la muralla, pero confirma que detrás de aquellas defensas hubo personas con nombres, creencias y vidas propias.
Una ciudadela con tres puertas
La primera fortificación protegía una ciudadela de unas cuatro hectáreas, según las reconstrucciones arqueológicas. El recinto del alcázar y el espacio que lo rodeaba formaban parte de un sistema defensivo más amplio. No debe confundirse con la muralla cristiana posterior, que rodeó una villa ya más extensa.
Se reconstruyen tres puertas principales: la de la Vega, hacia el Manzanares; la de Santa María o de la Almudena, hacia el este; y la de la Sagra, al norte, cuya localización es menos segura. Ninguna se conserva hoy como una puerta completa: sus posiciones se conocen con distinta precisión por documentos, planos y excavaciones.
Sílex, caliza y torres cuadradas: cómo se construyó

En el parque del Emir Mohamed I, junto a la Cuesta de la Vega, se distinguen grandes bloques de sílex o pedernal en la base y sillares de caliza unidos con mortero de cal por encima. Alternan piedras dispuestas a soga y tizón, según el llamado aparejo cordobés. Las torres cuadrangulares sobresalen del lienzo y reforzaban su defensa.
El Ayuntamiento cifra en unos 120 metros el lienzo exterior más visible y documenta aproximadamente 2,6 metros de espesor en algunos sectores. Esa longitud no equivale a la suma de todos los restos que aún subsisten bajo Madrid ni permite reconstruir sin dudas el perímetro original.
El pedernal produce chispas al golpearlo contra materiales adecuados; de ahí su asociación con relatos simbólicos de Madrid. Pero los famosos «muros de fuego» pertenecen al terreno de la tradición, no a una descripción arqueológica literal.
La Puerta de la Vega: de un documento de 1152 a sus cimientos

La Puerta de la Vega es uno de los casos mejor conocidos. Un documento de donación de 1152 menciona una «portam albegam», expresión que los especialistas relacionan con este acceso. Se trata de una noticia posterior a la construcción de la muralla, pero valiosa para seguir la vida de la puerta a través de los siglos.
En el siglo XVII, José de Villarreal dibujó una entrada flanqueada por torres y Pedro Teixeira la representó en su plano de 1656. Son testimonios posteriores, no vistas exactas de la puerta en época emiral. Las excavaciones también identificaron cimentaciones asociadas al acceso.
Un topónimo actual, un documento de 1152 y unos cimientos medievales permiten seguir la historia de una puerta desaparecida.
De la frontera andalusí al Madrid de Alfonso VI
En 932 las fuentes sitúan un ataque de Ramiro II de León contra Madrid. Lo que no conocemos con seguridad es cuánto dañó la muralla ni si exigió una reconstrucción completa. El recinto experimentó reformas y reutilizaciones durante siglos.
Las crónicas también recogen una historia extraordinaria: al excavar un foso vinculado a la muralla habría aparecido un esqueleto gigantesco. La noticia, transmitida por al-Himyarī a partir de Ibn Hayyān, pertenece al relato medieval y no prueba la existencia de gigantes. Se ha planteado que pudiera aludir a restos de un animal antiguo, pero no hay una identificación arqueológica segura.
Tras la descomposición del califato de Córdoba, Madrid quedó en la órbita de Toledo y pasó al poder de Alfonso VI hacia 1085. La muralla islámica no desapareció entonces: continuó en uso mientras se levantaba otro recinto, ya cristiano, entre los siglos XII y XIII.
Patrimonio Nacional indica que las defensas conservadas bajo la Galería de las Colecciones Reales siguieron utilizándose al menos hasta el siglo XIII.
El secreto de su conservación: casas levantadas sobre la muralla

La muralla terminó atrapada entre construcciones nuevas. Al ser aprovechada como soporte de casas y palacios, parte de ella sobrevivió precisamente porque nadie la veía como un monumento aislado.

En Cuesta de la Vega, el Ayuntamiento documenta la reutilización del recinto como muro de carga y cimiento de los antiguos palacios de Castro Serna y Malpica. Su recuperación fue gradual: distintos hallazgos, demoliciones e intervenciones del siglo XX hicieron visibles tramos que llevaban siglos ocultos.
En noviembre de 1953, unas obras dejaron al descubierto más de 120 metros de muralla y parte de las estructuras estuvo a punto de desaparecer bajo las perforadoras. El arabista Jaime Oliver Asín y el arquitecto e historiador Leopoldo Torres Balbás intervinieron para detener los trabajos. El 15 de enero de 1954, los restos de la vieja muralla fueron declarados monumento histórico-artístico. El decreto protegía tanto los sectores conocidos como los que pudieran aparecer en el futuro, aunque entonces todavía describía la cronología de algunos fragmentos como dudosa.
El hallazgo bajo la Galería de las Colecciones Reales

Las obras de la Galería de las Colecciones Reales, junto al Palacio Real, sacaron a la luz un sector relevante de las defensas: restos de muro, una torre asociada a una puerta y vestigios de otras torres, además de estructuras posteriores. El hallazgo obligó a estudiar y proteger el conjunto. A partir de las estructuras excavadas, los especialistas han reconstruido una posible puerta con arco de herradura y dovelas quizá pintadas en rojo y blanco; se trata de una interpretación, no de un arco completo conservado.
Desde la apertura de la Galería en 2023, parte de la arqueología se integra en el recorrido del museo. Es otro lugar donde reconocer el recinto emiral, distinto del gran lienzo al aire libre de la Cuesta de la Vega.
La Torre de los Huesos: una atalaya bajo la plaza de Oriente

Al construir el aparcamiento subterráneo de la plaza de Oriente en los años noventa apareció una torre de planta casi cuadrada, de unos 3,65 por 3,40 metros. Sus restos, hechos con sílex y caliza, se muestran tras un cristal. Una interpretación especializada la considera una atalaya andalusí, posiblemente del siglo XI y de época taifa, pero su atribución no es unánime: también se ha propuesto vincularla a las defensas cristianas. Estaba fuera de la ciudadela emiral, junto al barranco del arroyo del Arenal, y pudo vigilar ese entorno y los accesos a los Caños del Peral.
Su nombre recuerda la cercanía de la Huesa del Raf, una necrópolis musulmana. En las reconstrucciones que defienden su origen andalusí, la torre se habría incorporado después al sistema defensivo cristiano. En cualquier caso, no es un torreón del lienzo fundacional de la Cuesta de la Vega. Lo conservado en el aparcamiento de la plaza de Oriente es su base, no su altura original.
Cómo recuperaron los arqueólogos el trazado perdido
La investigación arqueológica moderna cobró fuerza desde 1972. Las campañas en Cuesta de la Vega, calle Mayor, plaza de Oriente y plaza de la Armería, con trabajos de Luis Caballero Zoreda, Manuel Retuerce y Esther Andréu, ayudaron a distinguir los fragmentos conservados y sus diferentes fases.
El Plan Especial municipal aprobado en 2023 distingue trazados constatados de trazados probables. No es lo mismo un muro excavado que un recorrido inferido a partir de documentos: ambos pueden aparecer en los mapas, pero tienen grados distintos de certeza.
Su aprobación busca proteger los restos, aunque no demuestra que todas las intervenciones previstas estén ejecutadas.
Dónde están los restos de la muralla islámica de Madrid
Entre los principales lugares donde se han documentado restos de la muralla andalusí destacan cuatro sectores, aunque no todos pueden visitarse. Cuesta de la Vega: en el parque del Emir Mohamed I, junto a la Almudena y la calle Mayor, se encuentra el lienzo exterior de unos 120 metros, con torres y piedras de sílex y caliza.
Galería de las Colecciones Reales: en la calle Bailén, entre el Palacio Real y la Almudena, conserva otro sector de muro y estructuras defensivas, integrados en el museo. Calle Bailén, 12: los estudios sitúan restos del trazado y testimonios de intervenciones que afectaron al recinto; no constituyen un monumento abierto a la visita. Cuesta de Ramón, 5: subsisten fragmentos asociados a un acceso de garaje particular, sin condiciones de visita pública ordinaria acreditadas.
Puerta de la Vega: en el entorno de la cuesta homónima y la calle Mayor se han documentado cimentaciones relacionadas con el antiguo acceso, pero no una puerta conservada en alzado. Torre de los Huesos: en el aparcamiento de la plaza de Oriente puede verse la base de una torre medieval de origen discutido, separada del primer recinto. Otros tramos del perímetro se conocen solo por excavaciones o hipótesis, y no deben confundirse con la muralla cristiana que atravesaba otros barrios. Parte de Mayrit sobrevivió dentro de edificios: hoy seguimos reconstruyendo esa geografía fragmentaria.
La antigua Torre de Narigües del Pozacho, documentada cerca del actual viaducto de Segovia, es otro nombre relacionado con las defensas del Madrid islámico. Aunque Wikipedia presenta sus ruinas como visibles en el entorno de Mayor, 83, una publicación municipal sostiene que las obras del viaducto en 1874 posiblemente acabaron con lo que quedaba de ella. No la incluimos como resto visitable confirmado.





