Los Berrocales: el Madrid que ya existía antes de Madrid
En el sureste de Madrid, las obras de un nuevo barrio han hecho aflorar los restos de una villa romana, de cabañas altomedievales y de enterramientos de más de mil años. Pero la historia arqueológica de Los Berrocales empieza mucho antes. Los yacimientos que han aparecido en este territorio siguen diversas maneras de ocupación humana, algunas separadas de siglos de distancia.
Los Berrocales es hoy el nombre de un gran desarrollo urbanístico de Vicálvaro, pero los hallazgos no proceden de una única excavación. La villa y las cabañas altomedievales se documentaron en la llamada Manzana 2, las herramientas paleolíticas de Cantera Vieja y los grandes cementerios del entorno son fruto de otras excavaciones. Hay que tenerlo en cuenta para no mezclar épocas y no atribuir a un mismo lugar hallazgos distintos.
La ciudad nueva y la excavación de la Manzana 2

Las obras del proyecto urbanístico UZP 02.04 dieron lugar a distintas intervenciones arqueológicas. La Manzana 2 es el yacimiento donde, entre 2010 y 2012 y bajo la dirección de José Polo López, se desarrollaron trabajos que pudieron documentar hasta tres grandes fases de ocupación. Su secuencia permite seguir la transformación de un lugar rural, desde el Alto Imperio romano hasta los primeros siglos medievales.
El yacimiento se sitúa en la plataforma que separa las cuencas de los ríos Manzanares y Jarama. Es un lugar especialmente rico en elementos vestigiales, pues grupos humanos muy anteriores a Roma ya supieron aprovechar sus recursos, especialmente el sílex. Pero los restos excavados en la Manzana 2 no abarcan por sí solos toda esa historia.
El sílex y los vestigios paleolíticos

Mucho antes de las casas romanas, personas que buscaran piedras para fabricar herramientas pasaron por esta parte del territorio de la actual Comunidad de Madrid. En el área de Los Berrocales y en sus proximidades se han explorado núcleos de industria lítica, como los de Langostillo y Valle Virgen de la Torre.
Uno de los ejemplos de mayor renombre es Cantera Vieja (excavado en 2018 dentro del área de Los Berrocales), donde se han documentado bifaces, piezas a medio hacer y un gran número de restos de talla de sílex. La investigación académica ha estudiado qué prácticas se desarrollaron en aquel espacio y cómo se hacían esas herramientas. No se trata de una fase anterior de la villa de la Manzana 2: es un yacimiento distinto, perteneciente a un periodo prehistórico bastante ajeno.
El sílex del que se dispone en esta plataforma entre los ríos Manzanares y Jarama explica en parte el interés que tuvo el territorio en la Prehistoria. Los talleres excavados no constituyen antecedentes directos de la villa romana: entre ambos transcurrió un periodo muy largo que trajo consigo una radical modificación en las formas de vida.
Una explotación rural romana durante los siglos I y II

En la Manzana 2 se documentó una villa fundada en el siglo I d. C. y utilizada hasta el siglo II. Sus estancias se organizaban en torno a un patio central dividido en dos partes. No disponemos de una descripción exhaustiva de la vida de sus moradores, pero sí se deducen bastantes indicios de la actividad que se desarrollaba alrededor de la casa.

La explotación agrícola y ganadera vinculada a la villa o fundus dejó hogares, recipientes de almacenamiento, cerámicas de uso ordinario y pesas de telar. Por otro lado, también aparecieron diversos restos de molinos de granito, una fíbula de tipo omega y dos estiletes, pero de bronce, utilizados para escribir. También se documentaron un cuchillo de hierro con mango de hueso y un lingote de plomo.
Los estiletes, por un lado, señalan que existían instrumentos para escribir, pero ignoramos quiénes los utilizaban. Las pesas de telar indicaban la presencia de trabajos textiles, aunque tampoco nos dicen cómo pasaba su día aquella casa. Los objetos son pistas significativas, pero hacer de esas pistas escenas concretas supondría inventar lo que no explica la excavación.
El abandono de la villa y una nueva ocupación
La ficha arqueológica de la Comunidad de Madrid pone el abandono de la villa hacia mediados del siglo II, al que denomina pacífico. No poseemos una explicación documentada sobre los motivos por los que dejaron las instalaciones los ocupantes. Después se abre, en ese punto concreto, un largo intervalo sin ocupaciones.
El yacimiento quedó de nuevo habitado entre finales del siglo IV y comienzos del V. Para entonces, la organización del espacio había cambiado. Las estructuras reconocidas son: chozas, silos, cubetas, tres vertederos. Las cerámicas datan la fase con producciones de terra sigillata hispánica tardía, o cerámica gris.
La villa de los siglos I y II no siguió habitada sin interrupción. En el mismo punto se identifican posteriores ocupaciones, diferentes de la inicial y separadas de manera prolongada. Esa discontinuidad es uno de los desvelamientos para entender la secuencia del yacimiento.
Una aldehuela con cabañas del siglo VI

Durante el siglo VI se multiplicaron las cabañas y los edificios destinados al almacenamiento. Los arqueólogos defienden entonces que ya se puede hablar de una aldehuela compuesta de las viviendas de familias, silos, pozos y otros lugares de trabajo. El espacio que en su momento había albergado una explotación romana se había transformado en un tipo de asentamiento organizado de otra manera.
La forma de construir era también diferente de la de una villa altoimperial. Las estructuras conservadas se concentran en las excavadas en el suelo y los materiales usados. Una buena parte de la vida de esta comunidad se conoce precisamente gracias a lo que quedó enterrado: los depósitos, los hoyos, los suelos, los fragmentos de objetos.
La excavación no permite atribuir el cambio a una sola causa. Así se puede ver cómo esa explotación de época romana dio paso, siglos después, a una aldea representativa del poblamiento rural de la Antigüedad tardía.
Los enterramientos: lo que se sabe y lo que no
Entre las estructuras de la aldea se localizan varias inhumaciones. Tres individuos aparecieron en el fondo de un silo; uno de ellos conservaba su posición original de depósito; mientras que los restos de los individuos restantes se encontraban en posición secundaria. Los enterramientos dentro de la zona habitada llaman la atención porque la necrópolis del asentamiento aparece documentada fuera de la Manzana 2.
La Comunidad de Madrid plantea dos explicaciones para algunos de estos casos: que no existiera una práctica funeraria uniforme o bien que esas personas enterradas en lugares poco comunes hubieran sido apartadas socialmente de la comunidad. La segunda posibilidad ha de tomarse con cautela. Lo material no nos permite conocer con certeza la forma de vida de las personas y tampoco permite afirmaciones de que fueran excluidas.
El contexto arqueológico también muestra una evidencia funeraria más amplia. La guía del Museo de San Isidro, recogiendo lo próximo de la ermita dedicada a la Virgen de la Torre, da cuenta de la existencia de dos cementerios en los que hay 820 tumbas y más de 1.500 individuos desde el siglo V al VIII, los últimos correspondientes a rito musulmán. Estas cifras no son las de la excavación de la Manzana 2 y no podemos sumarlas a las de los tres individuos del silo como si procedieran de una misma estructura.
Los objetos pequeños y el final del poblado
La aldea ha dejado cerámicas de torno rápido y de torno lento, dos hebillas de bronce, un anillo y un auriscalpium, que es un utensilio metálico relacionado con la limpieza o el cuidado de los oídos. Son materiales poco espectaculares, pero sí que sirven para establecer ciertos detalles de la vida cotidiana, de la que raramente se tiene noticia a partir de los relatos políticos.

Según indica la secuencia publicada por la Comunidad de Madrid, la aldea de la Manzana 2 fue abandonada de manera definitiva en la primera mitad del s. VIII. Esta fecha determina el final de este asentamiento, no el despoblamiento de la zona. Los topónimos árabes, como Cerro Almodóvar o Ambroz, constituyen una parte de la historia posterior del entorno, aunque no suponen una evidencia de que las mismas familias continuaran habitándolo.
Los Berrocales y el Madrid anterior a Mayrit
El germen del futuro Madrid se formó en época islámica, tradicionalmente hacia el siglo IX. Pero la historia del suelo de nuestro actual municipio es mucho más antigua. Las excavaciones de Los Berrocales permiten entrar en su historia desde los talleres de talla prehistórica hasta las explotaciones agrícolas romanas y las aldeas altomedievales.
En Vicálvaro no se ha documentado una ciudad romana oculta, sino talleres de talla, una explotación agrícola, cabañas, lugares de almacenamiento y enterramientos. Cada conjunto responde a su momento. Reunir los conjuntos en una misma cronología permite conjuntar mejor el conocimiento del territorio, siempre que no se confundan sus ocupaciones.
Los restos han sido documentados, en gran parte, porque una nueva construcción estaba levantándose. Bajo sus futuras calles se han documentado lugares en los que otras personas habían trabajado, vivido y enterrado a sus muertos. Antes de la fundación de Mayrit, el territorio del actual Madrid ya contaba con una larga y diversa historia, aunque sus lugares no formaban una tradición de continuidad.

