Historia de la calle de Postas: correos, viajeros y comercio junto a la Plaza Mayor
Una calle pequeña por la que pasó medio Madrid

La calle de Postas se recorre en pocos minutos. Cuesta imaginar cuántas actividades llegaban a concentrarse en tan poco espacio, entre tiendas y peatones dirigidos a la Plaza Mayor. Durante siglos, fue un oscuro camino de paso para mercancías, compradores, correos y viajeros.
Su nombre aún recuerda un servicio que hoy ya no existe como tal. Las postas formaban una red de caminos y relevos de caballerías: quien continuaba viaje podía cambiar de montura o disponer de nuevos caballos. Y aquellas comunicaciones dejaron huella en el centro de Madrid, y también en esta calle.
La primera Casa de Postas y el origen del nombre
Ramón de Mesonero Romanos sitúa en esta calle una antigua oficina de Correos o Casa de Postas, en una finca especificada con el número 31 antiguo y 32 en la numeración posterior. De esta instalación nos ha llegado hasta nosotros el nombre que ha tomado la calle. La doble numeración es el resultado de sistemas históricos que no deben asimilarse a un portal actual tal como está.
Era coherente la situación. En torno a la Puerta del Sol convergían los caminos que comunicaban Madrid con el resto de los lugares, mientras la muy cercana Plaza Mayor presentaba una intensa actividad urbana. Para el servicio de postas es conveniente que haya una instalación accesible.
La Casa de Postas de la que hablamos, la de esta calle, no debemos confundirla con la Real Casa de Postas que se conserva en el entorno de la Puerta del Sol; Juan Pedro Arnal proyectó la Real Casa de Postas en 1795, en el contexto de la reorganización de los servicios postales. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando posee información del proyecto; se trata de dos instituciones diferentes si bien sus nombres son semejantes.

La vía existía antes de que los planos fijaran su nombre

El circuito de Postas ya aparece en la topografía de Pedro Texeira que se publica en 1656, aunque no la enumere como tal. Más de un siglo después, el plano de Antonio Espinosa de los Monteros (1769) es el que hace referencia a esa calle: «Postas».
El hecho de que el plano de Texeira no tenga un epígrafe que le haga referencia no implica que por entonces se desconociese el nombre. Dice simplemente la forma en que el geógrafo la presentó en su cartografía. Para saber cuándo comenzó a usarse con carácter habitual hay que hacer referencia a más documentación datada.
El contexto por donde se desarrollaba la vía entonces es el de las grandes vías comerciales: la Sal, Zaragoza, San Cristóbal y otras calles cercanas a la Plaza Mayor. Cada una de ellas es la historia de una vía aunque juntas estas calles eran una red donde el viandante era tan importante como la tienda.
De las postas a las tiendas

La reorganización de los servicios postales no consiguió arrinconar el sentido mercantil de Postas. Estaba al lado de la Plaza y de las vías que llegaban hasta la Puerta del Sol, lo que no dejó de atraer compradores y tiendas. A las necesidades de los viajeros se unieron las tiendas de abastecimiento y las de los diferentes oficios.
Eugenio Larruga documentará su actividad mercantil en lo que era mercería (p. 284), especiería y droguería. Mesonero Romanos en el siglo XIX también habló del carácter comercial de la calle: negocios muy próximos entre sí, instalados en los bajos de edificios estrechos, y una corriente continua de personas que pasaban por delante.
En lo que es una calle de escasas dimensiones, la proximidad entre las tiendas, las casas y las calles de paso era parte de su importancia económica.
La Posada del Peine y los viajeros en Madrid

Uno de los más emblemáticos de los establecimientos de Postas fue la Posada del Peine. La tradición historiográfica y la información turística municipal sitúan su apertura en 1610. Durante generaciones pasó a albergar a quienes llegaban a Madrid y su denominación acabó convirtiéndose en un referente del entorno que tenía como centro la Plaza Mayor.
De hecho la posada ha ido variando mucho con el tiempo. Las investigaciones de Cecilia Molina y Silvia Arbaiza dan cuenta de expedientes de obras del año 1857 y de 1891, así como otras reformas posteriores. Por tanto, las fachadas que se han llegado a nuestros días no son una exacta copia del edificio del siglo XVII.
Reabrió, tras su rehabilitación, en 2006 como hotel. De esta manera, la continuidad del establecimiento convive con una larga historia de transformaciones desde un punto de vista arquitectónico.
¿Existía realmente un peine atado en las habitaciones?
El nombre de la posada posee una interpretación popular muy extendida: que había un peine en las habitaciones, sujeto con una cuerda para que lo utilizasen los clientes sin llevarlo.
La historia aparece reiterada en relatos turísticos y en relatos de divulgación, pero no hemos hallado un testimonio de época que nos permita fijar el inicio de tal costumbre, si es que existió realmente. Lo que es documentable es el nombre del establecimiento; el peine atado pertenece, por el momento, a la órbita de la tradición.
Una peseta por dormir: la publicidad de 1894
Un anuncio de la Posada del Peine que se publicaba el 14 de abril de 1894 en El Globo ofrecía una imagen concreta de su negocio. Prometía el alojamiento «desde una peseta» y se presentaba como una opción mejor que la de una fonda.
El mismo aviso señalaba que estaba en la calle de Postas, que no tenía sucursales y que había mejorado la antigua cuadra. Detalle significativo, este último, ya que indica que a finales del siglo XIX, la posada todavía consideraba importante poner de manifiesto instalaciones vinculadas al mundo de la tracción animal; el precio mínimo era de una peseta, no de todas las habitaciones, es decir, no era un precio pasable como tal al dinero actual.
La calle que Galdós convirtió en escenario
La calle de Postas también está en Fortunata y Jacinta. Benito Pérez Galdós sitúa allí el nacimiento de Barbarita Arnaiz, en la esquina del callejón de San Cristóbal. Al contar la casa, habla de habitaciones pequeñas, escaleras incómodas y del mísero espacio de las casas. En la obra de Galdós, esos elementos colabora a confeccionar el universo doméstico, comercial o asociativo de los personajes. En este sentido también hace referencia a una celebración de la Cruz de Mayo que tenía lugar en un portal de Postas. Son escenas literarias, no un inventario de edificios, pero son definitorias del lugar que ocupaba esa calle en el Madrid del que se hizo eco el escritor.
Lo que cuenta la calle de Postas

La calle ya no necesita animales de relevo y sus fachadas no son las mismas que las que describió Mesonero. Han cambiado los comercios, las viviendas y las maneras de viajar. Pero Postas sigue siendo un paso normal para quienes pasean por el centro.
Esa antigua oficina de correos, la Posada del Peine, las tiendas de los cronistas y las viviendas descritas por Galdós pertenecen a épocas y a testimonios distintos, pero todos juntos ayudan a entender por qué una calle que no es muy amplia guarda en sí tantas capas temporales.
La próxima vez que pasemos por delante del rótulo de la posada o nos detengamos ante la placa cerámica de Postas contemplaremos dos souvenirs de aquella vida urbana: el alojamiento de los viajeros y el trayecto por el que se comunicaba Madrid con el resto.





