La Sacramental de San Isidro: historia del cementerio más antiguo conservado de Madrid
Francisco de Goya estuvo enterrado en la Sacramental de San Isidro, pero sus restos ya no descansan allí. Su monumento permanece entre galerías, cipreses y panteones que cuentan más de dos siglos de historia madrileña. El cementerio nació en 1811 y fue creciendo hasta reunir arquitectura de distintas épocas, personajes célebres y episodios tan sorprendentes como una exhumación en la que se descubrió la ausencia de un pie.
1811: de los enterramientos en las iglesias al primer patio
Durante siglos, muchos madrileños recibieron sepultura en iglesias y espacios parroquiales. Las preocupaciones sanitarias llevaron a Carlos III a impulsar la construcción de cementerios alejados de las poblaciones mediante la Real Cédula de 1787, que contemplaba excepciones. En 1809, durante el reinado de José I, se prohibieron los enterramientos en las iglesias madrileñas.
La Archicofradía de San Pedro, San Andrés y San Isidro habilitó un cementerio junto a la ermita de San Isidro, en el Cerro de las Ánimas. José Llorente diseñó el Patio de San Pedro, donde el 21 de julio de 1811 fue enterrado un antiguo tesorero de la corporación. La fuente institucional consultada no identifica su nombre. Aquel recinto, abierto en plena Guerra de la Independencia, tenía galerías de nichos bajo cubiertas de teja sostenidas por madera: recordaba más a una corrala que a los grandes mausoleos actuales. El patio se amplió en 1816 y 1822.
De los patios de madera a un cementerio monumental

Llorente proyectó en 1828 el Patio de San Andrés, concluido por Ramón Pardo en 1838, con galerías organizadas en cruz griega. El Patio de San Isidro comenzó en 1841 y fue terminado en 1849 por José Alejandro y Álvarez. Los pórticos, las bóvedas y la piedra marcaron una diferencia respecto a las primeras construcciones. El propio arquitecto fue enterrado en 1850 en la galería norte del patio que había levantado. Allí destaca también el panteón Álvarez-Mon, de Francisco Enríquez Ferrer, con referencias al arte románico-bizantino.
Desde mediados del siglo XIX creció el Patio de la Purísima Concepción. Enríquez Ferrer había imaginado un espacio de paseos, escaleras, rampas y grandes perspectivas entre los patios, pero su proyecto fue modificado por los responsables posteriores. No todo lo dibujado llegó a construirse como estaba previsto. El resultado fue una zona de monumentos familiares y calles arboladas que Ramón de Mesonero Romanos llegó a comparar con el Père-Lachaise de París. Los panteones reflejaban también las diferencias económicas entre las familias madrileñas.
Panteones: del neogótico a Antonio Palacios

El panteón de los marqueses de Amboage, proyectado por Arturo Mélida en 1888, destaca por su aguja neogótica. El de los marqueses de Perinat, de Enrique Fort (1897), tiene planta circular y cúpula. El de los duques de Denia, de Enrique María Repullés y Vargas, con esculturas de Mariano Benlliure (1904), recuerda a una pirámide.
Agustín Querol intervino como escultor en el panteón de Luisa Sancho Mata, también conocido como panteón Guirao, proyectado por Ignacio de Aldama. Antonio Palacios diseñó en 1923 el de Fernández de Villota, con ábside y vidrieras. En un mismo recorrido conviven formas neogóticas, referencias clásicas, monumentos escultóricos y construcciones que parecen pequeñas capillas. Es un muestrario de arquitectura y oficios artísticos de los siglos XIX y XX.
Goya: un monumento que conserva su nombre, pero no sus restos

El Estado impulsó en el siglo XIX el monumento funerario dedicado a Francisco de Goya, Leandro Fernández de Moratín, Juan Meléndez Valdés y Juan Donoso Cortés. Joaquín de la Concha Alcalde se ocupó de su arquitectura y Ricardo Bellver, autor también de El Ángel Caído del Retiro, de la escultura. La columna, los medallones y la figura de la Fama lo convierten en uno de los monumentos más reconocibles de la Sacramental.
Goya murió en Burdeos en 1828. Sus restos fueron depositados en este panteón en mayo de 1900 y permanecieron allí hasta 1919, cuando se trasladaron a San Antonio de la Florida: la ermita madrileña decorada por el propio pintor. La sepultura anterior sigue contando una parte de ese viaje póstumo. No debe confundirse este monumento con el Panteón de España, junto a Atocha, donde se encuentra el mausoleo de José Canalejas.
La duquesa de Alba y el misterio del pie desaparecido

María del Pilar Teresa Cayetana de Silva, XIII duquesa de Alba, retratada por Goya, murió en 1802. Fue enterrada inicialmente en el antiguo Noviciado de la calle de San Bernardo. El 17 de noviembre de 1842 sus restos fueron trasladados al Patio de San Andrés de la Sacramental.
En 1945, según el Museo del Prado, el XVII duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart, promovió una exhumación para examinar los restos de su antecesora. Asistió su hija Cayetana, futura XVIII duquesa de Alba, que no descendía directamente de la aristócrata retratada por Goya. Los médicos que examinaron los restos descartaron el envenenamiento del que se había hablado y propusieron una enfermedad de origen tuberculoso. Entre ellos estaban Carlos Blanco Soler, Antonio Piga Pascual y Manuel Pérez de Petinto. Su estudio se publicó en 1949; aquella conclusión histórica no equivale a un diagnóstico clínico incontrovertible hoy.
Lo más desconcertante fue la ausencia de un pie y la presencia de cortes en las extremidades inferiores. Se ha sugerido que pudieron realizarse para acomodar el cuerpo en un féretro demasiado pequeño, pero no está demostrado: se desconoce qué ocurrió con el pie. Tampoco está probado que la duquesa posara para La maja desnuda, por mucho que se repita la historia. Ni las observaciones de la exhumación ni las conjeturas posteriores permiten reconstruir con certeza lo sucedido.
La condesa de Vilches y Federico de Madrazo

Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches, fue escritora y protagonista de uno de los retratos más conocidos de Federico de Madrazo, pintado en 1853 y conservado en el Museo del Prado. La postura relajada y el vestido azul de la condesa llaman la atención por su naturalidad. Tanto ella como el pintor, que llegó a dirigir el Prado, fueron enterrados en San Isidro. La familia Madrazo tiene además otras sepulturas en el recinto.
Del barrio de Salamanca a un duelo mortal

José de Salamanca y Mayol, marqués de Salamanca, impulsó el ensanche que dio nombre a un barrio de Madrid. Pese a su fortuna e influencia, su sepultura es discreta frente a otros panteones del cementerio. Manuel Alonso Martínez, figura decisiva en la elaboración del Código Civil de 1889, también está enterrado aquí y da nombre a una conocida plaza madrileña.
El infante don Enrique de Borbón murió el 12 de marzo de 1870 en un duelo a pistola con Antonio de Orleans, duque de Montpensier, en la Dehesa de los Carabancheles. Diego de León, conde de Belascoáin, fue fusilado en 1841 tras participar en un pronunciamiento contra la regencia de Espartero. Su nombre permanece en una calle y una estación de Metro de Madrid. Son dos episodios distintos de un siglo XIX marcado por conflictos políticos.
Intelectuales, artistas y otras vidas madrileñas
Ramón de Mesonero Romanos, cronista de Madrid; José Echegaray, premio Nobel de Literatura en 1904; Leonardo Torres Quevedo, ingeniero e inventor; José Ortega y Gasset, autor de La rebelión de las masas, y el político Antonio Maura descansan en este cementerio. También Salvador Sánchez «Frascuelo», cuyo cortejo fúnebre de 1898 apareció en la prensa de la época, y las artistas Concha Piquer, La Argentinita y La Fornarina.
La infanta Pilar de Borbón, hermana de Juan Carlos I, recibió sepultura en 2020: sus cenizas fueron depositadas junto a las de su esposo, Luis Gómez-Acebo, en el panteón familiar. Pepita Tudó, vinculada a Manuel Godoy, y la duquesa viuda de Santoña, relacionada con el Hospital del Niño Jesús, aportan otras historias de mujeres del Madrid histórico.
El doctor Velasco, la masonería y una superviviente del Titanic
Pedro González de Velasco, fundador del museo que dio origen al actual Museo Nacional de Antropología, también fue enterrado aquí. En 1875 había abierto un centro dedicado a la anatomía y sus colecciones. La muerte de su hija alimentó la leyenda de que conservó el cadáver como si siguiera viva, una historia que las investigaciones del museo han ayudado a distinguir de los hechos documentados. Otro monumento, dedicado a Alejandro Lasalle, conserva simbología masónica, según la Archicofradía.
María Josefa Pérez de Soto Vallejo sobrevivió al naufragio del Titanic en 1912; su marido, Víctor Peñasco, no. Años después ella fue enterrada en San Isidro. Su sepultura enlaza un rincón de Carabanchel con una tragedia ocurrida en el Atlántico.
Un patrimonio vivo: conservación y visitas
La Sacramental forma parte del ámbito protegido del Recinto de la Villa de Madrid, declarado Bien de Interés Cultural en 1995. Los patios han conocido diversas restauraciones, entre ellas las realizadas entre 1999 y 2004 y la recuperación del Patio de San Andrés presentada en 2024. El Panteón de Hombres Ilustres entró en la Lista Roja de Hispania Nostra en 2023 por su deterioro particular, algo que no debe extrapolarse a todo el cementerio. El cipresal histórico forma parte de su paisaje funerario.
El recinto se encuentra en el paseo de la Ermita del Santo, 72, en Carabanchel. Según el Ayuntamiento, la entrada individual es gratuita y el horario general es de 9:00 a 15:00, con cierre el 15 de mayo. Existen limitaciones de accesibilidad y las visitas de grupo deben concertarse con la Sacramental. Conviene confirmar los horarios antes de acudir. Frente al monumento de Goya se comprende que algunas tumbas conservan restos, otras nombres y otras, sobre todo, historias.


